Happydemy nace de una urgencia silenciosa.
Una incomodidad que hemos aprendido a ignorar,
pero que crece cada día:
vivimos en un mundo digital que ya no nos pertenece.
Nos observan, nos rastrean, nos perfilan.
Nuestros datos se convierten en mercancía. Nuestro comportamiento, en producto.
Cada acción en línea se archiva, se analiza, se vende—
y muchas veces, sin que lo sepamos.
Una invasión constante, pero invisible
No siempre se pierde la libertad con violencia.
A veces, simplemente se cede. Clic tras clic.
Cada aplicación, cada sitio, cada servicio “gratis”
nos aleja de lo que debería ser nuestro:
nuestra privacidad, nuestra autonomía, nuestra voluntad.
Una cuestión de identidad, no solo de tecnología
Nuestra vida digital está dominada por estructuras
que no reflejan nuestras raíces ni nuestros valores.
Grandes corporaciones tecnológicas no europeas nos imponen modelos
que chocan con los principios que valoramos:
libertad, dignidad, justicia, equilibrio.
Hemos cambiado el control por la comodidad.
La profundidad por la inmediatez.
Entonces paramos.
Escuchamos.
Y decidimos comenzar de nuevo.
De ahí nace Happydemy.
No para copiar, sino para construir algo nuevo.
No para parchear un sistema roto,
sino para proponer otro.
Un ecosistema europeo basado en:
privacidad real, como derecho, no como función extra;
sin publicidad, sin rastreo;
reparto justo del valor entre quienes aportan;
acceso solo por invitación, para proteger la comunidad.
No venimos a hacer ruido.
Venimos a dar claridad.
Y a recuperar un espacio que vuelva a ser nuestro. Justo. Humano. Seguro.
